Más que una simple expresión estética, el arte wixárika se ha consolidado como uno de los tesoros culturales más profundos y visualmente impactantes de México. No se trata solo de artesanía; es una escritura sagrada plasmada en colores neón y figuras geométricas.
Originarios de la Sierra Madre Occidental abarcando zonas de Jalisco, Nayarit, Durango y Zacatecas, los wixaritari (plural de wixárika) han mantenido sus tradiciones casi intactas, convirtiendo su cosmogonía en una forma de arte que hoy recorre las galerías más exclusivas del mundo.
El arte wixárika moderno se distingue principalmente por dos técnicas que requieren una paciencia casi meditativa:
- Cuadros de Estambre (Nierikas): Tablas de madera cubiertas con cera de abeja y resina, sobre las que se pegan hilos de lana de colores. Estas piezas suelen representar visiones chamánicas y pasajes mitológicos.
- Arte con Chaquira: Figuras de madera o cerámica (jaguares, venados, cráneos) recubiertas con miles de diminutas cuentas de vidrio. Cada cuenta se coloca una a una con una aguja o punzón.
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Para un artista wixárika, nada es azaroso. Cada figura tiene un significado teológico y natural:
- El Venado (Kauyumari): El mensajero de los dioses y el guía del espíritu.
- El Peyote (Hikuri): La planta sagrada que permite la comunicación con lo divino y el acceso a las visiones.
- El Ojo de Dios (Tsiuri): Un símbolo de protección y cosmovisión que permite ver lo que está oculto.
- El Fuego (Tatewari): El abuelo y maestro principal de la comunidad.
A pesar de su éxito internacional, el arte wixárika enfrenta retos significativos. La apropiación cultural por parte de marcas de moda y la comercialización masiva a veces despojan a las piezas de su contexto espiritual. Sin embargo, para los wixaritari, el arte sigue siendo su principal sustento y, más importante aún, la herramienta para que su cultura no sea olvidada.






