En Matehuala, frente al panteón municipal, existe un taller donde el oficio se mezcla con la memoria y el amor por quienes partieron. Es el Taller de Lápidas Barajas, un negocio familiar que desde hace más de 60 años acompaña a las familias en uno de los momentos más delicados: despedir a sus seres queridos. “Tenemos más de 60 años en Matehuala; el primer dueño fue mi suegro, el señor Jesús Barajas Molina. Después se quedó mi suegra y, ahora, estoy yo con mi esposo Antonio Barajas y mis hijos; somos una familia que atendemos el negocio”, cuenta Ma del Carmen García. El lugar se ha convertido en un referente, ligado al recuerdo y al respeto.
Jesús, el fundador, era carpintero y con el tiempo transformó su habilidad hacia un nuevo oficio, tallar lápidas para honrar la memoria. Tras su fallecimiento, su esposa continuó el legado, sosteniendo el negocio con esfuerzo y cariño. “Tenemos como 38 años trabajando después de que mi suegra se retiró”, recuerda Carmen. Los tiempos cambiaron, pero la esencia permanece. Hoy, el taller combina tradición con técnicas modernas para responder a las necesidades de las familias. Es un legado que se transmite de generación en generación.
Con el paso de los años, los materiales han evolucionado y la demanda también. “La lápida de granito procesado es la que más se vende. Ahorita estamos más aventajados con los materiales; trabajamos granito procesado, mármol y granito natural”, explica. Las imágenes más solicitadas reflejan la profunda devoción mexicana: ángeles, el Sagrado Corazón, la Virgen de Guadalupe y el Cristo. Cada figura simboliza consuelo y esperanza para quienes acuden buscando una despedida digna. La elección de cada elemento es un gesto de amor que permanece.
El trabajo del taller no termina en la fabricación, pues también restauran lápidas antiguas, dan afinado, pulido y realizan sepultajes. “Hacemos todo el trabajo”, comparte Ma del Carmen, consciente de la responsabilidad que recae sobre sus manos. Antes, durante y después del Día de Muertos, el lugar se llena de movimiento y sentimientos encontrados. Familias llegan en busca de apoyo para mantener viva la memoria de sus seres queridos. Cada encargo se atiende con respeto y paciencia, como lo exige la ocasión.
En estos días, Matehuala se ilumina con veladoras y flores de cempasúchil, mientras el Taller Barajas continúa tallando no solo piedra, sino historia y cariño. La tradición mexicana dicta que quien muere, vive mientras su nombre sea recordado. Por eso, una lápida bien hecha no es solo un objeto frío, es un abrazo tardío. La familia Barajas lo sabe y trabaja para que la memoria no se borre. Frente al panteón, desde siempre, esta familia sigue honrando a quienes ya no están, ayudando a que su nombre permanezca.
