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Tiempo de Hablar I El año de nadar de muertito

Los presupuestos municipales aprobados para 2026 confirman una realidad preocupante en el Altiplano potosino, no hay visión de desarrollo, no existen proyectos de fondo y, una vez más, se optó por la comodidad política antes que por atender las necesidades más urgentes de la población. El mensaje es claro, este será un año para administrar la inercia, no para transformar.

Ningún presidente municipal del Altiplano contempló obras de verdadero impacto social. No hay proyectos estratégicos en materia de agua potable, cuando la crisis hídrica sigue siendo uno de los principales problemas de la región. No se programó un solo plan de saneamiento, ni la construcción de nuevas redes de distribución, ni la modernización de las existentes. El agua, tema vital para la vida cotidiana y para el desarrollo económico, simplemente fue ignorada.

En infraestructura ocurre lo mismo. No hay nuevas carreteras, ni caminos vecinales, ni obras que mejoren la conectividad entre comunidades. Las vialidades siguen deteriorándose mientras los presupuestos se consumen en gasto corriente. Las calles, llenas de baches y con problemas de drenaje, no fueron prioridad para ningún gobierno municipal.

La cultura y la educación quedaron, otra vez, relegadas. No existe un solo programa ambicioso de fomento cultural, ni inversiones en espacios educativos o de formación. Los presupuestos no reflejan interés alguno por fortalecer el tejido social, generar identidad o apostar por el desarrollo humano. En cambio, los rubros que sí crecieron fueron los de sueldos, viáticos, compensaciones y pagos administrativos. Se gasta más en mantener estructuras de gobierno que en servir a la ciudadanía.

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En todo el Altiplano no hay un solo municipio que haya programado para 2026 una obra que realmente pueda calificarse como importante. No hay hospitales, no hay plantas de tratamiento, no hay centros culturales, no hay proyectos productivos. El común denominador es la pasividad.

El único alcalde que presume una “gran obra” es Javier Sandoval, “El Gudy”, presidente municipal de Catorce, con el anuncio del monumento de San Francisco. Sin embargo, la realidad es que dicha obra no está incluida en el presupuesto de egresos, no cuenta con proyecto ejecutivo y, dadas las condiciones del terreno y del entorno natural, todo apunta a que será una obra extremadamente costosa. Además, sin planeación ni sustento técnico, el proyecto parece más un capricho personal que una política pública.

A esto se suma el contrato con artesanos de Querétaro, que deberá ser plenamente justificado. Existen reglas de operación claras, establecidas desde la Federación, que regulan el uso de recursos públicos. El dinero del pueblo no puede utilizarse como si fuera patrimonio personal del alcalde, y cualquier desviación deberá ser explicada ante las instancias correspondientes.

Municipios como Matehuala han optado por depender casi exclusivamente del nuevo programa de Ricardo Gallardo “Enchúlame la colonia”. No hay proyectos propios, no hay inversión fuerte en pavimentación y ni siquiera se contempla un programa integral de bacheo, pese al grave deterioro de las calles. Tampoco se observa un aumento significativo al presupuesto de Servicios Públicos Primarios, el área responsable de la limpieza y el mantenimiento urbano.

Mientras tanto, la clase política local ya está más concentrada en las alianzas rumbo a 2027 que en resolver los problemas actuales. Hoy no hay obras, no hay recursos y no hay respuestas para la ciudadanía, pero sí hay cálculos electorales y movimientos anticipados. Todo esto ocurre en medio de la incertidumbre jurídica que rodea a la llamada “Ley Gobernadora”, actualmente impugnada ante el Tribunal Electoral.

En Matehuala, fuera de la llamada “rehabilitación” de la calle Jaime Nunó, el alcalde no tiene nada más que mostrar. No hay nuevas obras, no hay proyectos de largo alcance y no hay resultados visibles que justifiquen el discurso oficial.

En Cedral, la alcaldesa Cinthia Segovia anunció con bombo y platillo la rehabilitación de calles en la comunidad de San Isidro. Sin embargo, tras el arranque de obra, las máquinas se detuvieron y los trabajos quedaron inconclusos, alimentando la percepción de improvisación y falta de seriedad.

Y el caso de Real de Catorce es particularmente grave. No existe un plan para la distribución de agua potable, no hay un tiradero municipal controlado y la basura se deposita en tiraderos ilegales, donde incluso se quema, con el consiguiente daño ambiental. Tampoco hay relleno sanitario, a pesar de la enorme cantidad de turistas que visitan el Pueblo Mágico cada año.

Así arranca 2026 en el Altiplano potosino, presupuestos sin impacto social, gobiernos municipales sin rumbo claro y una región que, una vez más, quedó atrapada entre la simulación administrativa y la ambición política. Un año que, desde el papel, ya parece perdido.

Hasta la próxima con más tiempo.