PsicologíaSlider

Cuidando nuestra salud mental en la era de la sobreinformación

Por Estefanía López Paulín

Vivimos en una época en la que las noticias nos alcanzan antes incluso de que estemos preparados para recibirlas. Basta con desbloquear el teléfono para encontrarnos con imágenes, titulares y relatos que hablan de crisis, conflictos, desastres y sufrimiento humano. Aunque informarnos es importante, la exposición constante a este tipo de contenidos puede tener un impacto profundo en nuestro bienestar emocional, generando ansiedad, angustia, sensación de amenaza permanente o incluso una forma silenciosa de agotamiento psicológico.

Ya sabemos que nuestro cerebro no distingue del todo entre una amenaza directa y una amenaza percibida. Cuando consumimos noticias cargadas de dolor, violencia o incertidumbre, nuestro sistema nervioso puede activarse como si estuviéramos en peligro real. El cuerpo responde con tensión, aumento del ritmo cardíaco, dificultad para concentrarse o una inquietud persistente. Si esta activación se mantiene en el tiempo, se vuelve desgastante.

Una de las primeras claves para una gestión más saludable es reconocer nuestros límites. Estar informados no significa estar disponibles todo el tiempo para recibir malas noticias. Regular el consumo informativo (por ejemplo, estableciendo horarios concretos para leer o ver noticias) permite que nuestra mente tenga espacios de descanso. La sobreexposición no nos hace más conscientes ni más solidarios; muchas veces solo nos vuelve más ansiosos.

Consulta nuestra edición impresa: https://cutt.ly/Ltj8cdjD

Otra estrategia importante es revisar desde dónde consumimos la información. Los titulares sensacionalistas y el flujo ininterrumpido de redes sociales suelen amplificar el miedo y la urgencia. Optar por fuentes confiables, con análisis más profundos y menos alarmistas, puede ayudarnos a procesar lo que ocurre sin quedar atrapados en la angustia. También es válido pausar o silenciar contenidos cuando notamos que nos sobrepasan emocionalmente.

Desde una mirada psicológica, resulta clave diferenciar entre lo que está bajo nuestro control y lo que no. Muchas noticias describen realidades sobre las cuales no podemos intervenir directamente. Quedarnos rumiando estas situaciones suele aumentar la sensación de impotencia. En cambio, enfocar nuestra energía en acciones pequeñas y concretas (cuidar nuestro entorno cercano, informarnos para comprender mejor, apoyar causas de manera responsable) puede devolvernos una sensación de agencia y equilibrio.

Asimismo, es fundamental compensar el impacto emocional de las noticias con actividades que regulen el sistema nervioso: caminar, respirar conscientemente, conversar con otros, escribir, escuchar música o simplemente desconectarse. Estos momentos no son una forma de evasión, sino una necesidad psicológica para procesar lo que sentimos.

Finalmente, validar nuestras emociones es esencial. Sentir tristeza, miedo o cansancio frente a lo que ocurre en el mundo no es una debilidad, sino una señal de sensibilidad y empatía. Aprender a cuidarnos emocionalmente mientras habitamos una realidad compleja es un acto de responsabilidad con nosotros mismos. Informarnos, sí, pero sin olvidar que nuestra salud mental también merece atención y cuidado.

Estefanía López Paulín
Contacto: psc.estefanialopez@outlook.com
Número: 4881154435