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Reportaje I Gusano barrenador, una amenaza para la ganadería

Por Francisco Acosta-Martínez

El gusano barrenador es la larva de una mosca que deposita sus huevecillos en heridas abiertas de animales de sangre caliente, principalmente del ganado bovino. Al eclosionar, las larvas se alimentan del tejido vivo, profundizando las lesiones, provocando infecciones severas, dolor extremo y, en muchos casos, la muerte del animal si no se atiende de manera oportuna. Se trata de una de las plagas más agresivas y destructivas para la actividad pecuaria, no sólo por el daño directo que ocasiona, sino por el alto riesgo sanitario que representa para las regiones donde se establece.

Desde hace varios meses, productores y especialistas del sector ganadero habían encendido las alarmas ante la confirmación de casos de gusano barrenador en estados vecinos. La advertencia era clara; la cercanía geográfica, el intercambio comercial y la movilidad constante de animales representaban un riesgo elevado para San Luis Potosí, sin embargo, no fue sino hasta los primeros días de este año cuando se confirmó oficialmente la llegada del parásito a territorio potosino. Municipios como Ébano, San Vicente Tancuayalab y Tamuín ya viven el impacto directo de esta plaga, enfrentando un escenario que muchos consideraban erradicado desde hace décadas.

Aunque estos municipios se localizan en la región Huasteca y pueden parecer lejanos para zonas como el Altiplano, lo cierto es que la amenaza es latente en todo el estado. El tránsito de ganado entre regiones, la falta de controles estrictos en puntos de revisión y la compraventa informal de animales facilitan la propagación del parásito. A la fecha, se han reconocido oficialmente siete casos en San Luis Potosí, pero entre los propios productores existe la certeza de que hay muchos más que no han sido reportados o detectados a tiempo, ya sea por desconocimiento, miedo a restricciones sanitarias o falta de acompañamiento institucional.

El Altiplano Potosino tampoco está exento de este riesgo. Se trata de una región donde la ganadería representa un activo económico considerable y una fuente de sustento para miles de familias. La posible expansión del gusano barrenador obliga a reforzar de manera inmediata los protocolos de vigilancia, prevención y atención sanitaria. De no hacerlo, las afectaciones podrían ser severas, no sólo para pequeños productores, sino para toda la cadena productiva vinculada a la carne y sus derivados.

Las consecuencias del avance del gusano barrenador van más allá del ámbito productivo. En términos económicos, la plaga puede provocar la muerte de animales, incrementar los costos de atención veterinaria, generar restricciones en la movilización del ganado y reducir la productividad general del sector. En paralelo, existe un riesgo en materia de salud pública, ya que el parásito puede afectar también a seres humanos en condiciones específicas, principalmente en zonas rurales con heridas expuestas y deficiencias en servicios de salud y saneamiento.

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México había logrado mantenerse libre del gusano barrenador durante décadas gracias a campañas sanitarias rigurosas y a programas de control reconocidos a nivel internacional. Su reaparición representa un retroceso preocupante y evidencia una relajación en los mecanismos de prevención. No sólo los ganaderos se han visto sorprendidos por el problema; también las autoridades, que hasta ahora no han logrado articular una respuesta clara, contundente y eficaz que genere confianza y certidumbre en el sector.

La falta de información oportuna, la escasa capacitación para la detección temprana y la ausencia de acciones coordinadas entre los distintos niveles de gobierno han contribuido a la incertidumbre. Mientras tanto, el parásito avanza, aprovechando cualquier herida mal atendida, cualquier descuido en la vigilancia y cualquier vacío en los controles sanitarios. Cada día que pasa sin una estrategia sólida incrementa el riesgo de que el problema se extienda a más municipios y regiones del estado.

A ello se suma un impacto social que pocas veces se dimensiona. Cuando el ganado enferma o muere, no sólo se pierde un animal, se pierde patrimonio, ahorro familiar y, en muchos casos, el sustento diario. La crisis sanitaria afecta directamente a comunidades rurales ya de por sí vulnerables, genera desconfianza entre productores, frena la compraventa de animales y debilita las economías locales. El miedo y la desinformación se convierten en aliados del problema cuando no existe una comunicación clara y responsable.

La experiencia de brotes anteriores en otras regiones demuestra que la contención del gusano barrenador solo es posible mediante una estrategia integral y sostenida. No basta con reaccionar ante los casos confirmados; se requiere inversión en campañas permanentes de prevención, capacitación técnica, inspección constante y seguimiento puntual, así como la colaboración activa de los propios ganaderos. Minimizar el problema o postergar decisiones por razones administrativas o políticas podría resultar costoso.

El llamado final es a fortalecer la prevención y la acción coordinada. Informar, vigilar, atender de inmediato los casos sospechosos y aplicar con rigor los protocolos sanitarios es indispensable para evitar un escenario más grave. San Luis Potosí aún está a tiempo de contener esta amenaza, pero el margen de error es cada vez menor. La ganadería potosina enfrenta un desafío serio que exige responsabilidad, claridad y voluntad real de actuar antes de que el gusano barrenador deje una huella irreversible en el campo.