Hablar de Pedro Barbosa es hablar de pasión, constancia y amor genuino por el deporte. Boxeador y luchador legendario de Matehuala, su historia está marcada por el esfuerzo desde abajo y por una herencia que lo acompañó toda la vida. Su padre, conocido como el Príncipe Negro, fue uno de los primeros luchadores de la ciudad y sembró en él el gusto por el ring, tanto en la lucha libre como en el boxeo.
Su camino comenzó formalmente en 1982, cuando participó en su primer torneo de boxeo. No había ring ni grandes instalaciones. En la Caja del Agua entrenaban directamente en el piso, con más ganas que recursos, pero con una convicción que nunca flaqueó. Aunque inició en el boxeo, Pedro siempre mantuvo un profundo amor por la lucha libre, disciplinas que define como distintas, pero igual de exigentes y duras.
En la lucha libre alcanzó momentos memorables, disputó Rayomanía y en 1998 se coronó campeón estatal del Rayo de Plata, al vencer a Sombra Guerrera. Compartió el ring con figuras históricas como El Santo Sagrado, Sexy Salazar, El Hijo del Santo, La Parka y Pirata Morgan, siendo parte de los primeros luchadores en Matehuala en convivir con estrellas de la AAA. Incluso conserva fotografías de esos encuentros y fue parte del homenaje realizado al Hijo del Santo en la ciudad.
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En el boxeo, Pedro Barbosa también dejó huella. Fue campeón en León, San Luis Potosí y Matehuala, venciendo a rivales como el Zurdo Fernández y participando en múltiples plazas. Su carrera lo llevó a Estados Unidos, donde peleó en el Sheraton de Houston y compartió cartelera con un joven Mike Tyson en 1986, año de su debut profesional. “Nunca pensé que se convertiría en la gran leyenda que es hoy”, recuerda, evocando aquellos días en los que compartieron hotel y vestidor.
Como formador, Pedro también dejó legado. Sombra Guerrera fue uno de sus alumnos, al igual que muchos jóvenes y maestros del estado que pasaron por su enseñanza. Aunque su amor por el boxeo lo llevó a alejarse un poco de la lucha libre, nunca dejó de apoyar a las nuevas generaciones. Hoy dedica más tiempo al boxeo, disciplina en la que se siente más experimentado.
Con la mirada puesta en el futuro, Barbosa insiste en una necesidad urgente: un auditorio exclusivo y techado para boxeo y lucha libre en Matehuala. “Si llueve, se arruina toda la inversión”, señala, convencido de que el talento existe, pero requiere espacios dignos para seguir creciendo. Pedro Barbosa no solo fue campeón en el ring; es un referente de perseverancia, un formador de talentos y una figura que sigue peleando, ahora fuera del cuadrilátero, por el deporte que le dio identidad y orgullo a Matehuala.



