El alcalde Juan Francisco Gómez Escamilla pasó, sin exagerar, una de sus semanas más felices desde que asumió el cargo, al disfrutar sin reservas de la Feria Regional de Villa de la Paz. Fueron días de sonrisas permanentes, aplausos, música a todo volumen y reflectores encendidos. La agenda del edil estuvo marcada más por escenarios y conciertos que por oficinas y reuniones, mostrándose relajado, confiado y orgulloso de un evento que, desde su óptica, confirma que en su municipio “sí hay con qué”.
La feria fue inaugurada por el grupo Legitimo, un hecho que llamó la atención no solo por la expectativa musical, sino por la apuesta personal que hizo el propio alcalde. Días antes había jurado ante la ciudadanía que, si Legitimo no se presentaba, él renunciaría al cargo. Una promesa lanzada al aire, más como desafio que como compromiso real. Al final, el grupo sí llegó y la amenaza quedó archivada como anécdota de feria. Para tranquilidad del alcalde y, sobre todo, de su bolsillo, no hubo necesidad de cumplir la palabra empeñada.
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Durante los festejos, Gómez Escamilla se dejó llevar por completo por el ambiente. Se le vio bailando, sacando los pasos prohibidos, los improvisados y esos que solo aparecen cuando hay música, cámaras y público aplaudiendo. Ni el frío nocturno fue pretexto para frenar la euforia. El alcalde bailó como si la feria fuera la máxima expresión del buen gobierno, como si el termómetro de la administración municipal se midiera en decibeles y no en resultados.
Pero la felicidad no se quedó en el escenario. Terminados los conciertos, el discurso se repitió una y otra vez. Que Villa de la Paz sí tuvo feria, no como Matehuala. Que en La Paz sí hay dinero, no como en Matehuala. Que allá sí se pueden hacer eventos, no como en Matehuala. La comparación se volvió constante, casi obsesiva, como si el éxito propio necesitara, de manera obligada, construirse a partir del señalamiento ajeno.
La inexistente Feria Regional de Matehuala (FEREMA) se convirtió así en el contraste perfecto. Raúl Ortega, alcalde de ese municipio, es hoy tema de burla entre otros presidentes municipales de la región. En corto, entre risas y comentarios cargados de sarcasmo, aseguran que en sus municipios sí alcanza para organizar ferias, conciertos y celebraciones. Matehuala es mencionada como ejemplo de lo que no debe pasar cuando un gobierno pierde el rumbo, la planeación y la conexión con la ciudadanía.
Sin embargo, a Raúl Ortega poco parece importarle ese papel. No le quita el sueño la falta de mando, ni los problemas de salud pública, ni la escasez de agua, ni la inseguridad que sigue presente en el municipio. Quienes lo conocen aseguran que su única prioridad es la reelección. Está convencido de que va a ganar, aunque la realidad en las colonias, barrios y comunidades cuente una historia muy distinta.

Mientras tanto, el alcalde de Villa de la Paz presume solvencia y se llena la boca asegurando que en su municipio hay dinero de sobra. Un discurso que entusiasma a algunos y molesta a otros, sobre todo a quienes recuerdan que ese entusiasmo financiero bien podría destinarse a saldar pendientes del pasado. Varios empresarios de la región lo apoyaron durante su campaña, confiaron, invirtieron y apostaron por su proyecto político. El problema es que, hasta ahora, ese dinero nunca regresó.
Las ferias pasan, los escenarios se desmontan y las luces se apagan, pero las deudas permanecen. En tiempos de música, baile y discursos festivos, los compromisos incómodos se esconden bajo el escenario, las promesas se diluyen entre aplausos y los problemas reales se posponen para después. Total, mientras haya feria, reflectores y comparaciones con el vecino, todo lo demás puede esperar, o al menos eso parece.
Hasta la próxima con más tiempo.






