El papel del entrenador Guillermo Abascal al frente del Atlético de San Luis es insostenible. El equipo no tiene sistema de juego, no hay idea futbolística y, lo más grave, no existe unión dentro del vestidor. Cada partido confirma lo mismo: un conjunto perdido, sin carácter y sin rumbo, que salta a la cancha a improvisar y a esperar que la suerte resuelva lo que el trabajo no ha podido.
Pero, seamos claros, Abascal no es el verdadero culpable de este desastre. Los responsables tienen nombre y apellido: Iñigo Regueiro, Jacobo Payán, Rodrigo Incera y esa directiva mediocre, conformista e inepta que hoy maneja al club como si se tratara de un experimento personal. Ellos fueron quienes decidieron sostener un proyecto que desde el primer mes ya hacía agua por todos lados.
Respaldaron a un técnico que en seis meses se cansó de mostrar su incapacidad. Partido tras partido quedó exhibido: sin variantes tácticas, sin lectura de los encuentros, sin liderazgo. Aun así, la directiva prefirió cerrar los ojos y vender el cuento de un proceso que jamás existió. Confiaron en un proyecto mediocre y terminaron arrastrando a toda la institución.
Lo peor es que, para proteger a su entrenador consentido, comenzaron a desmantelar el plantel. Salieron jugadores clave, referentes del equipo, futbolistas que sí habían demostrado nivel. Desde la llegada de Abascal se fueron Vitinho, Bonatini, Dourado, Sanabria, Klimowicz y ahora todo indica que también Águila tiene las maletas hechas. Demasiada casualidad para no ver el trasfondo.
Sacrificaron talento por capricho. Prefirieron cuidar a un técnico sin méritos antes que escuchar al vestidor. Se deshicieron de los pesos pesados para dejarle el camino libre a un entrenador que parece haber aprendido de futbol jugando videojuegos. Esa es la realidad del proyecto que hoy tiene al Atlético de San Luis hundido.
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El club perdió identidad. Antes había garra, intensidad y una idea reconocible; hoy solo hay desorden. Los aficionados ya no se sienten representados por un equipo que deambula en la cancha y por una directiva que vive en una burbuja, más preocupada por justificar fracasos que por corregirlos.
Este proyecto no tiene pies ni cabeza. No hay manera de defender lo indefendible. Cada jornada confirma que la apuesta fue un error monumental y que mantener a Abascal es prolongar la agonía. El daño ya está hecho, pero seguir insistiendo es una falta de respeto para la afición potosina.
Urge un golpe de timón. No solo debe irse Abascal; también debe largarse esa directiva de papel que ha demostrado no estar a la altura de un equipo de primera división. Hace falta que desde Madrid entiendan la gravedad del problema y envíen a alguien con verdadera capacidad, un perfil como Alberto Marrero, que sí sabía construir proyectos deportivos serios.
Lo que se necesita es empezar de cero. Reconocer que este torneo ya se tiró a la basura desde la jornada cinco y que no hay forma de rescatar algo con los mismos responsables al mando. Seguir igual es condenar al equipo a la mediocridad permanente.
La afición merece respeto, no experimentos. Merece un equipo digno, no un laboratorio de ocurrencias. Mientras sigan al frente los mismos de siempre, el Atlético de San Luis seguirá siendo rehén de decisiones absurdas y de un proyecto que nació muerto.






