En lo alto de la Sierra de Catorce, a más de 3 mil 100 metros sobre el nivel del mar, vive desde hace casi tres décadas Madre Nancy Ruth Islas Trejo, una mujer que convirtió el silencio de la montaña en su forma de vida. Originaria de Monterrey, un día decidió dejar la ciudad, las comodidades y el bullicio para seguir un llamado espiritual que la llevó a habitar primero una cueva y luego la zona de Alamarito, hasta establecerse en el lugar donde hoy transcurren sus días.
Su rutina es sencilla y profunda: oración al amanecer, trabajo en el campo, cuidado de sus animales y largas horas de contemplación. La vida eremítica que eligió no es sinónimo de aislamiento del corazón; por el contrario, quienes han subido hasta su humilde morada la describen como una mujer de mirada serena, palabra cálida y manos siempre dispuestas a compartir un poco de café, pan o consejo.
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A lo largo de 29 años, Madre Nancy se ha vuelto un símbolo de fe y autosuficiencia en la región. Sin luz eléctrica ni grandes recursos, ha aprendido a vivir de lo que la tierra le ofrece. Cultiva, cuida, repara y agradece. Dice que la sierra le enseñó a escuchar, a confiar y a entender que la verdadera riqueza no pesa en los bolsillos, sino en el espíritu.
Hasta su casa llegan peregrinos, caminantes, jóvenes confundidos y adultos cansados de la prisa. Algunos buscan una oración, otros solo un momento de paz. Ella los recibe como quien abre la puerta de un hogar antiguo, sin preguntar demasiado, convencida de que nadie llega por casualidad.
Su historia se ha convertido en un testimonio vivo de que aún existen personas capaces de renunciar a todo por un ideal. En medio del viento frío de Catorce, Madre Nancy sigue tejiendo, con fe y sencillez, una vida que para muchos parece imposible, pero que para ella es el camino más verdadero hacia Dios.

