Se abre el telón
Acto I: El poder y la huida
En Cedral, el nombre de Howard Francisco Aguilar Vergara sigue siendo tema de conversación, pero no precisamente por logros que hayan transformado al municipio. Su gestión estuvo marcada por la ausencia de obra pública relevante, la falta de impulso al deporte y la juventud, así como un clima de inseguridad que se percibía cada vez más intenso.
Durante su administración no hubo proyectos emblemáticos que cambiaran la infraestructura urbana ni inversiones significativas que detonaran desarrollo. Las calles siguieron con los mismos problemas, los espacios públicos no mostraron mejoras sustanciales y las necesidades básicas continuaron acumulándose.
En el ámbito deportivo, tampoco hubo respaldo firme. Cedral, con jóvenes talentos y tradición en distintas disciplinas, no recibió el impulso necesario para consolidar programas, rehabilitar espacios o fomentar competencias. Para muchos deportistas, el apoyo fue limitado o inexistente.
Mientras tanto, la inseguridad se convirtió en una preocupación constante. Robos, incidentes y percepción de vulnerabilidad crecieron entre la ciudadanía. Sin embargo, el discurso oficial minimizaba la situación o la atribuía a factores externos.
Paradójicamente, el último día de su administración se anunció la creación de una supuesta corporación policial, una especie de nueva fuerza municipal que pretendía proyectar una imagen de trabajo en materia de seguridad. Para muchos, fue una medida tardía y simbólica, más enfocada en el discurso que en una estrategia real y sostenida.
Acto II: No dejó ni un lapiz
Lejos de abrir espacios de diálogo, el entonces alcalde optó con frecuencia por la confrontación en redes sociales. Ciudadanos que cuestionaban decisiones, señalaban fallas o exigían resultados eran objeto de respuestas despectivas o ataques directos desde perfiles vinculados a su entorno.
En lugar de asumir la crítica como parte del ejercicio democrático, el tono se volvió defensivo y, en ocasiones, agresivo. Esa actitud profundizó el desgaste político y alimentó la percepción de un gobierno distante de la ciudadanía.
Al concluir su mandato, la transición dejó otra polémica. La alcaldesa entrante, Cinthia Segovia, denunció públicamente que la administración saliente había dejado la presidencia prácticamente vacía. “No dejaron ni un lápiz”, declaró, una frase que sintetizó el estado en que, según su versión, se recibió el Ayuntamiento.
Las acusaciones de presunto saqueo se instalaron en el debate local. Más allá de los procesos legales, la narrativa pública quedó marcada por la idea de una administración que no solo no dejó obras, sino que tampoco dejó orden.
Acto III: El intento fallido de permanecer
Antes de desaparecer del escenario político local, Aguilar Vergara intentó conservar influencia. Impulsó como candidata a su esposa, Lupita de la Garza, en una jugada que fue interpretada como un intento de continuidad indirecta.
Las urnas, sin embargo, enviaron un mensaje distinto. La derrota fue clara y contundente. Cedral optó por un cambio.
Tras ese revés, buscó refugio político en Morena, confiando en que su cercanía con Rita Ozalia Rodriguez le abriría un espacio dentro del partido. Se hablaba de una posible posición interna, de un nuevo comienzo bajo otras siglas.
Pero el desgaste acumulado pesó más que las alianzas. Versiones internas señalaron inconformidad por su desempeño previo y por la carga negativa que representaba su nombre. Finalmente, esa puerta también se cerró.
Acto IV: Del poder al extranjero
Hoy, lejos de los reflectores municipales, Howard Francisco Aguilar Vergara se encuentra en Estados Unidos. Salió del país con visa de turista y decidió quedarse a trabajar allá.
El contraste es evidente. De encabezar el Ayuntamiento a buscar oportunidades en el extranjero. En Cedral, mientras tanto, quedó la percepción de una administración que no cumplió expectativas, que no fortaleció la seguridad, que no dejó obra pública significativa y que terminó envuelta en señalamientos.
El poder puede ser efímero, pero las gestiones se recuerdan por lo que construyen, o por lo que dejan pendiente. Pero la verdadera pregunta aquí es: ¿Qué hizo con todo el dinero que saqueo? Quizás, ni el mismo puede responder eso.

