Charcas dejó de ser un pueblo tranquilo para convertirse en territorio de miedo. Y no se trata de una percepción exagerada ni de un discurso alarmista: los hechos hablan por sí solos.
Bajo la administración municipal de Marisol Nájera, la inseguridad no solo creció, se normalizó. Cinco años al frente del Ayuntamiento no dejaron una estrategia clara, ni resultados sostenidos, ni operativos contundentes que devuelvan la confianza a la ciudadanía. Lo que sí dejaron fue una sensación colectiva de abandono.
La tarde del miércoles 18 de febrero es apenas el episodio más reciente, y más indignante, de esta cadena de omisiones. En la comunidad de la Presa de Santa Gertrudis, alrededor de las 14:00 horas, cinco sujetos encapuchados y armados ingresaron al poblado con absoluta tranquilidad. No llegaron a esconderse. Llegaron a imponer miedo.
De acuerdo con testimonios de los propios habitantes, los agresores recorrieron viviendas y comercios, sometieron a familias completas, las despojaron de dinero en efectivo, artículos electrónicos, herramientas de trabajo y diversa mercancía. Incluso se llevaron una camioneta particular. Varias tiendas fueron saqueadas; entre los productos robados había bebidas alcohólicas, lo que incrementó las pérdidas económicas para pequeños comerciantes que apenas sobreviven con lo que venden día a día.
No fue un robo aislado. Fue una irrupción organizada, ejecutada a plena luz del día, en una comunidad rural donde todos se conocen y donde la presencia de hombres armados no pasa desapercibida. El mensaje fue claro, pueden entrar, pueden llevarse lo que quieran y pueden irse sin consecuencias. Y eso es precisamente lo que más preocupa.
Tras el violento episodio, habitantes denunciaron que no hubo respuesta inmediata de la autoridad municipal. No se desplegaron operativos visibles, no se informó sobre detenciones, no hubo comunicación clara para tranquilizar a la población. El vacío institucional resultó tan inquietante como el propio asalto.
En cinco años, ¿qué se hizo para prevenir esto? ¿Dónde están las estrategias de inteligencia, los patrullajes constantes, la coordinación real con el estado? Porque cuando los delincuentes operan en grupo, armados y a plena luz del día, no estamos ante hechos aislados, estamos frente a un territorio vulnerable.
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Charcas hoy es reflejo de una crisis más amplia en el Altiplano potosino. En Santo Domingo, el propio alcalde ha reconocido que al menos 15 familias han sido desplazadas por el crimen organizado y que el secuestro virtual está en aumento. El desplazamiento forzado no es una cifra menor, implica hogares abandonados, miedo permanente y comunidades fracturadas.
En Catorce, la figura conocida como “El Gudy” es señalada como líder de grupos criminales, mientras la población convive con rumores, amenazas y una autoridad que parece rebasada. En Cedral, las balaceras se han vuelto parte del paisaje nocturno. Ya no sorprenden; simplemente se esperan.
El problema no es solo que haya delincuencia. El problema es que la ciudadanía percibe que no hay gobierno capaz de contenerla. Cuando la inseguridad se instala en la vida diaria, los efectos son profundos: se cierran negocios más temprano, se cancelan actividades comunitarias, se evita salir por la noche, se vive con desconfianza. El tejido social se rompe en silencio.
Y mientras tanto, el discurso oficial suele reducirse a llamados a la calma o a promesas que no aterrizan en acciones concretas.
Posdata: En el ámbito educativo del Altiplano también se mueven piezas que podrían explicar conflictos recientes. Detrás de los problemas en la Unidad Académica Multidisciplinaria Región Altiplano estaría Julián Espinosa Sánchez, quien durante años dirigió lo que entonces se conocía como Coordinación Académica Región Altiplano. Acusado en su momento de delitos sexuales, su figura vuelve a aparecer en medio de señalamientos de hostigamiento, presiones y amenazas.
Versiones internas apuntan a que el actual director, Isaac Compeán, ha intentado poner orden tras una etapa de descontrol institucional, lo que habría generado fricciones con antiguos grupos de poder. Lo que está en juego no es solo una disputa administrativa, sino el rumbo de una institución formadora de profesionistas.
Pero esa historia apenas comienza, esperen la próxima edición para contarles todo con lujo de detalle.
Hasta la próxima, con más tiempo.







