Se abre el telón
Acto I: El pulmón que dejó de respirar
El Altiplano presume al Parque de las Camelias como uno de sus principales pulmones, un espacio que fue pensado como punto de encuentro para familias, deportistas y estudiantes. Hoy, ese escenario luce distinto, áreas verdes secas, árboles enfermos y una pista de atletismo agrietada que refleja más abandono que vida.
Las miradas apuntan a Joaquín García Martínez, conocido como “El Charro”, titular de los Parques Tangamanga, no brindó el mantenimiento necesario ni la atención prometida a este espacio público.
Quienes caminan diariamente por el Parque de las Camelias coinciden en algo, la imagen ya no es la misma. Grandes extensiones de césped seco, sistemas de riego inoperantes y árboles que muestran señales evidentes de deterioro.
Hasta ahora, no se ha informado sobre un estudio técnico que determine el estado real de la vegetación ni un plan claro de rescate ecológico. La reforestación, de existir, no es visible.
La pista de atletismo, uno de los puntos más concurridos, presenta grietas, desniveles y zonas destruidas que representan un riesgo constante. Corredores y estudiantes deben esquivar imperfecciones para evitar lesiones. Los reportes ciudadanos no han derivado en una rehabilitación integral ni en un anuncio formal de reconstrucción. Un pulmón que debería oxigenar a la zona parece, en cambio, asfixiarse en la indiferencia.
Acto II: La encomienda que no se cumplió
Cuando fue destituido del Instituto Potosino de Cultura Física y Deporte (INPODE) por su pésimos resultados, el gobernador Ricardo Gallardo Cardona le encomendó a “El Charro” la tarea de fortalecer y dignificar los parques del estado. La instrucción era clara: convertirlos en espacios funcionales, seguros y activos.
Sin embargo, esta encomienda no se refleja en hechos. No solo el Parque de las Camelias muestra deterioro; también los parques Tangamanga arrastran críticas por mantenimiento irregular y falta de vigilancia.
A ello se suma la ausencia de una agenda sólida de actividades recreativas, culturales y deportivas en Las Camelias. Mientras otros espacios bajo la misma dependencia organizan eventos y programas permanentes, aquí el calendario parece vacío. La consecuencia es evidente, menor afluencia y un ambiente cada vez más apagado.
Acto III: Vigilancia ausente y silencio incómodo
En el Parque Tangamanga I, una presunta banda de rateros opera con un modus operandi constante. Observan a deportistas, identifican mochilas y pertenencias, esperan el descuido y en segundos sustraen celulares y carteras sin violencia. Cuando la víctima nota el robo, los responsables ya se han perdido entre la multitud.
La falta de vigilancia efectiva ha convertido lo que debería ser un espacio seguro en un terreno fértil para la impunidad.
A la par, el fallecimiento del león Sherkie a finales del año pasado encendió cuestionamientos internos. Aunque recibió atención veterinaria, versiones del propio personal señalaron presuntas deficiencias en los protocolos y supervisión. La causa específica de su muerte no fue informada públicamente con detalle, dejando más dudas que certezas.
Acto IV: La exigencia
En las ruedas de prensa, Joaquín García suele aparecer acompañado de tres personas que lo rodean, incluso sentadas a la mesa. Estos perfiles, con cargos poco claros, limitan el acceso de la prensa y evitan cuestionamientos directos. La escena se repite, control del micrófono, respuestas acotadas y cero profundidad. Tienen una sola tarea: proteger al Charro. Y es que, basta con escucharlo hablar para comprender que no sabe ni donde está parado.
Cuando el mensaje se cuida más que el parque, algo no está funcionando. Urge un plan integral, reforestación técnica, rehabilitación total de la pista, alumbrado eficiente, vigilancia permanente y una agenda activa de eventos que devuelva la vida a Las Camelias. La demanda no es política, es básica, espacios dignos y seguros.
Matehuala no puede darse el lujo de perder uno de sus lugares más emblemáticos del Gallardato por omisión del Charrito, que ni si quiera sabe que hay diferentes tipos de arboles. El cargo implica responsabilidad, y la responsabilidad exige resultados visibles.
Porque los parques no se sostienen con discursos ni con guaruras en conferencias. Se sostienen con mantenimiento, presencia y trabajo constante.



