En una cartelera dominada por historias ruidosas y fórmulas repetidas, “Is This Thing On?” apuesta por la contención. No hay explosiones emocionales desmedidas ni giros que busquen el aplauso fácil. Lo que propone es algo más incómodo y, a la vez, más cercano, el desgaste silencioso de un matrimonio y la reinvención personal cuando la vida parece haberse salido del guion.
Alex atraviesa la mediana edad con una mezcla de frustración, miedo y necesidad de validación. Su matrimonio con Tess se desmorona sin escándalos, sin traiciones estridentes, sino bajo el peso de los años, las expectativas incumplidas y la rutina. En medio del inminente divorcio, Alex decide probar suerte en la escena de comedia en Nueva York, un espacio donde la vulnerabilidad puede transformarse en risa, o en fracaso público. Hay algo profundamente simbólico en ese escenario: un hombre intentando encontrar sentido mientras se expone ante desconocidos, buscando aplausos que compensen el vacío íntimo.
Tess, por su parte, representa el otro ángulo del quiebre. Mientras Alex explora una nueva identidad, ella confronta los sacrificios que hizo por su familia y las renuncias que marcaron su adultez. Su conflicto no es estridente, pero sí contundente: ¿qué queda de uno mismo después de haber sido esposa, madre, sostén emocional? La película no toma partido; más bien permite que ambos personajes respiren, se equivoquen y se contradigan.
Uno de los mayores aciertos del filme es su narrativa sencilla pero emocionalmente auténtica. No busca sorprender con grandes revelaciones, sino acompañar procesos. El guion entiende que la ruptura no siempre ocurre con un portazo; a veces es una acumulación de silencios. Esa honestidad le da peso a escenas aparentemente cotidianas: conversaciones incómodas en la cocina, acuerdos forzados sobre la crianza compartida, miradas que ya no significan lo mismo.
El elenco sostiene la historia con interpretaciones creíbles, especialmente en los momentos más vulnerables. Hay una naturalidad que evita el melodrama y permite que el espectador se reconozca en pequeños gestos, una broma que no provoca risa, una disculpa que llega tarde, un intento torpe por conectar con los hijos. Son detalles que construyen humanidad.
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El equilibrio entre comedia y drama está bien trabajado. El humor surge de la incomodidad y de la autoconciencia, sin sentirse impuesto. En los monólogos de Alex, la risa del público funciona como termómetro emocional: cuando el chiste conecta, hay alivio; cuando no, la sensación de fracaso se amplifica. Esa dualidad es uno de los ejes más interesantes del relato.
Visualmente, la película mantiene una estética indie con fotografía y dirección de sello personal, bien cuidado. Los encuadres sobrios y la iluminación contenida refuerzan el tono introspectivo. Nueva York no aparece como postal glamorosa, sino como un espacio cotidiano que acompaña el proceso de transformación de los personajes.
No obstante, la historia tarda en arrancar. El primer acto se toma su tiempo para establecer el conflicto, lo que puede generar cierta sensación de lentitud. Hacia el tramo final, el ritmo pierde algo de fuerza y deja la impresión de que faltó un cierre más contundente. No hay un clímax explosivo; la resolución es coherente con su tono, pero puede resultar anticlimática para quienes esperan mayor intensidad.
En balance, “Is This Thing On?” no es una película espectacular ni pretende serlo. Es una propuesta honesta, enfocada en emociones cotidianas más que en grandes giros narrativos. Su fortaleza está en la observación sensible de una etapa de la vida poco romantizada: la mediana edad, el divorcio, la redefinición del amor y la identidad.
Funciona mejor para quienes disfrutan el cine independiente con diálogos reflexivos y situaciones incómodamente reales. Es una cinta que no grita para llamar la atención; prefiere susurrar verdades incómodas sobre el amor, la pérdida y la posibilidad de empezar de nuevo. Y en esa discreción encuentra su mayor virtud.






