¿Cuánto le ha costado a San Luis Potosí la política comercial de Estados Unidos en los últimos años? ¿Cuántos empleos, cuántas inversiones detenidas, cuántos proyectos truncados ha dejado Donald Trump como daño colateral en el valle del Potosí? Las decisiones impulsadas durante el actual gobierno estadounidense no se quedaron en Washington, cruzaron la frontera y encontraron eco en economías regionales profundamente dependientes del mercado gringo. El Altiplano potosino es, hoy, uno de los ejemplos más claros.
La imposición de aranceles al tomate mexicano alteró de manera abrupta un modelo que, durante años, fue presentado como exitoso. Invernaderos tecnificados, producción de alto rendimiento y exportación casi total hacia Estados Unidos. Mientras el flujo comercial se mantuvo estable, la apuesta parecía incuestionable, pero bastó un ajuste en la política arancelaria para que la ecuación financiera dejara de funcionar.
En municipios como Cedral y Vanegas, cuatro invernaderos de gran escala redujeron al mínimo su operación para el ciclo 2026. Más de 500 empleos directos se perdieron en cuestión de meses. No se trata sólo de cifras en un reporte; son familias completas que dependían de una actividad que parecía sólida y que hoy enfrenta un horizonte incierto.
El golpe no fue únicamente comercial, fue estructural. El Altiplano construyó su dinamismo agrícola sobre una fuerte dependencia económica del vecino país del norte. La infraestructura, la logística, los contratos y los estándares estaban diseñados para exportar. Cuando ese destino se volvió más costoso e imperó la incertidumbre, el mercado interno no pudo absorber los mismos volúmenes ni ofrecer márgenes comparables.
En ese escenario, cabe mencionar que la reconversión no es inmediata ni sencilla. Podríamos mencionar que hay invernaderos de dimensiones similares en Guadalcázar y Villa de Arista, pero estos sobreviven gracias a subsidios federales, los cuales, son un alivio temporal, pero no una solución de fondo. Los apoyos ayudan a sostener operaciones, pero no eliminan la vulnerabilidad que implica depender casi exclusivamente de un solo mercado extranjero.
Consulta nuestra edición impresa: https://cutt.ly/DtmGRTnI
La crisis también exhibe una carencia local: la falta de diversificación real. Durante los años de bonanza exportadora, ¿qué tanto se avanzó en la apertura de nuevos mercados? ¿Qué estrategias se impulsaron para generar valor agregado, procesar el producto o fortalecer el consumo nacional? El modelo funcionó mientras las condiciones externas lo permitieron, pero carecía de amortiguadores.
El caso de Rising Farm, que pausó actividades y de un día para otro dejó a cientos de personas sin empleo, así como la reducción en la producción de Santa Rita y El Huevo, confirma que el problema no es aislado. El sector agrícola potosino enfrenta presiones acumuladas que combinan factores internacionales con desafíos internos.
A estas alturas, aunque es claro que ya es tarde para verlo, es evidente que el Altiplano necesita replantear su estrategia productiva con una visión más amplia; diversificar destinos, fortalecer cadenas de valor internas, apostar por la transformación industrial y reducir la exposición a decisiones externas.
Las políticas de Washington seguirán respondiendo a intereses propios. La pregunta es si San Luis Potosí seguirá reaccionando a ellas o si comenzará, por fin, a anticiparse. Hoy, tenemos una factura costosa y la están pagando los tomateros del Altiplano.
Cavilaciones:
Primera: Beneficiarios de las pensiones del Bienestar piden a gritos seguridad durante los días de pago. Resulta que, en casi todo el territorio del Potosí, los abuelos son víctimas de los ladrones que les arrebatan el dinero sin que nadie en las largas filas pueda hacer algo. Policías preventivas municipales y estatales se sordean. Que alguien haga algo, mondaos ¡Miau!
Segunda: La Fiscalía General de la República lo ha vuelto a hacer. Monta de manera ilegal un retén en la carretera 57, a la altura de la comunidad de Pocitos en Matehuala. Usuarios que han sido asaltados en ese punto creen que no se trata de agentes federales de investigación, sino de maleantes que portan uniformes y hasta patrullas. Los más avezados creen que asaltantes de carretera y policías federales ministeriales son la misma yerba y, ante eso, no hay Chapulín Colorado ni Batman’s bien vestidos que puedan hacer algo por los usuarios de la gran rúa central de México.
Tercera: En el Ayuntamiento de Villa de Reyes está a punto de ocurrir una implosión. El grupo compacto que llegó al poder de la mano de la malograda Erika Briones entró en crisis hace meses, pero lo que ocurrió con el empresario Pablo Ortega acabó de descomponer la, de por sí, deteriorada relación entre el presidente municipal, Ismael Hernández, la tesorera, Rosa Carrillo, y el otrora poderoso jefe de ese grupo, Alfredo Tellez. Dicen que las cosas se complicaron luego de que un funcionario de primer nivel decidió dar indicaciones en contra de los intereses del alcalde y sus cercanos. ¡Me lleva la que me trajo! ¡Grrr!






