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Columna I Un camino que no ilusiona

Por Hares Barragán

México disputó sus primeros partidos amistosos del año rumbo al Mundial frente a Panamá y Bolivia, y la conclusión es clara, no hay novedad, solo preocupación. Más allá del marcador, lo que dejó esta doble prueba fue una sensación de vacío futbolístico que cuesta explicar y más aún justificar. Javier Aguirre optó por un cuadro alternativo, una decisión entendible en el papel. Los amistosos sirven, se supone, para probar, observar y abrir el abanico de opciones. El problema es que, aun bajo esa lógica, la Selección Mexicana mostró carencias evidentes. No hay fútbol, no hay idea de juego y no se percibe un plan. El equipo corre, lucha por momentos, pero no construye. Juega por inercia.

Son pocos los futbolistas que realmente levantan la mano y demuestran que tienen nivel de selección. La mayoría pasa desapercibida, como si la camiseta pesara más de lo normal. Y cuando eso ocurre de manera generalizada, la responsabilidad deja de ser individual y se convierte en colectiva, y también del cuerpo técnico. Lo verdaderamente alarmante llegó con las declaraciones del propio Aguirre. El “Vasco” aseguró que el 80 por ciento del listado mundialista ya está definido. En términos reales, eso deja alrededor de cinco jugadores en disputa. Cinco lugares para competir durante casi dos años. Un mensaje que mata cualquier intento de competencia interna y que reduce estos partidos a simples trámites.

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Esa postura, además, cierra la puerta a futbolistas que merecían una oportunidad real. El caso del Atlético de San Luis es el ejemplo más claro. En estos encuentros, el defensa central Eduardo Águila se mostró sólido, atento, fuerte en el juego aéreo y con buen sentido de ubicación. Justo lo que la selección ha carecido en la zaga desde hace años. Y, sin embargo, todo indica que su rendimiento no será suficiente para entrar en los planes finales. La defensa, paradójicamente, es una de las líneas que más ha adolecido Aguirre a lo largo de su gestión. Errores constantes, desajustes y falta de liderazgo, aun así, cuando surge una opción interesante, parece no haber espacio para la paciencia ni para la proyección.

El diagnóstico es preocupante, no hay un sistema de juego definido, no hay futbolistas en su mejor nivel y no hay un entrenador que hoy genere confianza en la afición. Este proceso, que debería estar lleno de ilusión por jugarse en casa, pinta para ser decepcionante si no hay un giro radical. A esto se suma otra decisión polémica, la preferencia de Aguirre por futbolistas naturalizados sobre talentos juveniles formados en el fútbol mexicano. No se trata de cerrar la puerta a nadie, sino de cuestionar el mensaje. Mientras jóvenes con proyección esperan una oportunidad, otros llegan con ventaja por circunstancias ajenas al proceso formativo nacional.

El Mundial de 2026 se jugará en casa. No habrá pretextos, no habrá viajes largos ni condiciones adversas. Y aun así, hoy la Selección Mexicana no transmite ilusión, sino dudas. El tiempo avanza y el margen de error se reduce. Porque si este es el punto de partida, el camino pinta largo, y cuesta arriba.