Arranca el torneo, y a ver, hemos sido bastante críticos con este equipo, y no sin razón. El Atlético de San Luis ha demostrado, en la cancha, que tiene la capacidad para competir y aspirar a cosas grandes. Dos semifinales en dos años consecutivos no son obra de la casualidad ni del azar; son el reflejo de un trabajo que, cuando se hizo con lógica y continuidad, rindió frutos. El problema es que, una vez más, el club parece empeñado en ir contra su propia inercia positiva, cortando procesos que funcionaban y apostando por decisiones que generan más dudas que certezas.
Resulta difícil entender por qué se permitió la salida de entrenadores que dejaron una base sólida, como Gustavo Leal y Domènec Torrent. Ambos, con estilos distintos, lograron dotar al equipo de identidad, competitividad y orden. En contraste, se optó por premiar proyectos que nunca terminaron de cuajar, como el de Guillermo Abascal, quien llegó sin los méritos suficientes y se quedó dejando más interrogantes que soluciones.
De cara a esta temporada, el panorama no invita precisamente al optimismo. La salida de Dourado deja un hueco enorme en el mediocampo, no solo por su calidad futbolística, sino por su liderazgo y equilibrio. Sin él, el equipo pierde presencia, recuperación y carácter, y la situación se complica aún más si se concretan algunas de las bajas que se rumoran. El plantel luce corto, con pocas variantes y con una dependencia excesiva de ciertos nombres.
En el apartado de refuerzos hay matices. Santi Muñoz aparece como una apuesta interesante, un delantero joven que puede crecer mucho aprendiendo de Joao Pedro y que, con paciencia, podría convertirse en un referente ofensivo. Roberto Meraz, por su parte, ya mostró destellos de calidad, al grado de llegar a la Selección Mexicana en partidos amistosos, y su incorporación puede aportar dinámica y ayudar a compensar, al menos en parte, la ausencia de Dourado en la media cancha.
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Los reflectores, sin embargo, apuntan con fuerza hacia Anderson Duarte. El extremo, también proveniente de Mazatlán, tendrá la responsabilidad de ser el generador de juego por las bandas, de surtir balones a Joao Pedro y de romper defensas con desborde y velocidad. Su rendimiento será determinante, si Duarte responde, San Luis puede ganar profundidad y variantes ofensivas; si no, el equipo corre el riesgo de volverse predecible y plano.
Pero si hay un tema que preocupa desde hace tiempo, es la lateral derecha. Desde la salida de Ricardo Chávez, el club no ha logrado encontrar un sustituto que ofrezca garantías. Se intentó con Benjamín Galdames, pero su nula capacidad defensiva quedó rápidamente expuesta, obligando a moverlo de posición. Hoy la banda derecha se convierte en una especie de ruleta, donde Román Torres y Javier Suárez se alternan no para ver quién se consolida, sino para comprobar quién falla menos. En una liga tan competitiva como la mexicana, ese tipo de carencias se pagan caro.
Así, San Luis llega al arranque del torneo con más preguntas que respuestas, un plantel corto, posiciones clave sin resolver y un entrenador que, hasta ahora, no ha mostrado absolutamente nada que invite a creer, ni siquiera un gramo de buen futbol. La sensación es que el equipo arranca con desventaja frente a rivales que sí reforzaron con claridad y mantuvieron proyectos estables.
Y aun con todo eso, resulta imposible desearle el mal al Atlético de San Luis. Por un momento dejamos de lado el chaleco de periodista y nos ponemos el de aficionado. Desde ese lugar, lo único que queda es desearle el mayor de los éxitos al conjunto potosino, con la esperanza de que este año, contra todo pronóstico, logren una gran temporada y vuelvan a competir por cosas importantes.
No hay que perder de vista el contexto, será un torneo corto debido al Mundial, no habrá Play-In y la liguilla será directa, además de disputarse sin seleccionados nacionales. Ese escenario abre una ventana de oportunidad para equipos como San Luis, que pueden encontrar regularidad mientras otros ajustan. Si el equipo logra cohesión rápida, si los refuerzos responden y si las decisiones desde el banquillo no vuelven a sabotear el proyecto, tal vez, solo tal vez, esta historia pueda tener un giro distinto. El balón, como siempre, tendrá la última palabra.






