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La motivación traumática: el peso de superar el dolor para alcanzar el éxito

Por Estefanía López Paulín

La motivación traumática es un concepto psicológico que describe cómo una persona, después de haber experimentado un sufrimiento o dolor profundo, se ve impulsada a alcanzar grandes logros como una forma de sanar o de obtener reconocimiento. En el mundo del deporte, este fenómeno es más frecuente de lo que parece. Muchos atletas encuentran en sus vivencias traumáticas un motor poderoso para superar límites, demostrar su valor y, a veces, incluso para callar a aquellos que no creyeron en ellos. Sin embargo, esta motivación, aunque puede llevar a grandes victorias, no siempre es la más saludable a largo plazo.

La motivación traumática surge cuando el individuo no solo busca el éxito por el deseo de ser el mejor, sino también como una forma de sobreponerse a experiencias dolorosas. En muchos casos, esta motivación está asociada a la necesidad de demostrar algo, ya sea a otros o a uno mismo. El sufrimiento, ya sea físico o emocional, puede convertirse en una herramienta de impulso. La necesidad de validar el sufrimiento mediante la obtención de logros es una estrategia defensiva que se utiliza para dar sentido a la adversidad.

El caso de Michael Jordan es un claro ejemplo de motivación traumática. El famoso basquetbolista de los Chicago Bulls fue cortado de su equipo de secundaria, un fracaso que lo marcó profundamente. Sin embargo, en lugar de rendirse, ese fracaso sembró en él una necesidad de demostrar su valor al mundo. Cada victoria, cada campeonato, parecía ser una forma de sanar aquella herida de juventud. A través de su extraordinaria carrera, Jordan no solo demostró ser uno de los mejores, sino que constantemente mostró que, en su caso, el dolor y el fracaso habían sido fundamentales para su crecimiento.

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Otro ejemplo claro es el de Serena Williams, una de las tenistas más exitosas de todos los tiempos. En su caso, el racismo y los comentarios despectivos que sufrió a lo largo de su carrera, sumados a las presiones familiares, jugaron un papel importante en su lucha por lograr el éxito. Cada desafío que enfrentó, desde lesiones hasta la crítica constante, se convirtió en un combustible para su deseo de alcanzar la grandeza. A pesar de ser una de las figuras más exitosas en su deporte, Serena sigue luchando contra un mundo que, en muchas ocasiones, la ha minimizado debido a su género y color de piel. La adversidad, más que detenerla, la ha impulsado a seguir alcanzando logros que para otros parecerían inalcanzables.

Estos ejemplos reflejan cómo el sufrimiento, cuando se maneja adecuadamente, puede transformarse en una fuente de motivación inmensa. Sin embargo, la motivación traumática puede ser un arma de doble filo. Aunque puede llevar a la persona a obtener resultados excepcionales, también puede generar un ciclo de sufrimiento constante, en el cual el individuo nunca se siente «suficientemente bueno» o nunca puede dejar atrás el dolor. A menudo, los logros que buscan son una manera de “exorcizar” el dolor, pero al no sanar verdaderamente la herida, el éxito se convierte en un objetivo interminable y la paz mental parece esquiva.

Es esencial que los atletas, y las personas en general, aprendan a reconocer cuándo su motivación proviene del dolor y cuándo realmente están buscando superarse desde una fuente de crecimiento personal genuino. El verdadero desafío es aprender a sanar desde adentro, no solo desde los logros externos. De lo contrario, la motivación traumática puede llevar a un desgaste emocional y psicológico significativo, convirtiendo la búsqueda del éxito en una carrera sin fin que, a pesar de las victorias, nunca lleva a la paz interna.

Estefanía López Paulín
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