Guadalcázar es uno de esos municipios del Altiplano potosino donde la pobreza no se oculta. Basta recorrer sus comunidades para encontrar caminos deteriorados. La marginación es una constante histórica, pero lo que sí cambia, y de forma acelerada, es la situación económica de quienes llegan a ocupar la presidencia municipal. Para ellos, Guadalcázar parece ser menos un pueblo olvidado y más un paraíso personal.
El contraste volvió a quedar en evidencia con el reciente festejo organizado por el expresidente municipal “Panchito” Pérez para celebrar el tercer aniversario de su hijo. La celebración no fue discreta ni modesta. Inició con una misa de acción de gracias en la parroquia de San Pedro Apóstol, al mediodía, a la que asistieron familiares, amistades cercanas e invitados especiales. Hasta ahí, un acto común. Sin embargo, lo que siguió fue un despliegue que difícilmente encaja con la realidad económica del municipio.
Alrededor de las 13:00 horas, una cabalgata recorrió diversas calles del pueblo hasta llegar a la unidad deportiva, donde se instaló el escenario principal de la fiesta. El evento fue amenizado por varios grupos musicales reconocidos en la región, entre ellos Los Indomables de Cedral, Conjunto Río Grande, Revelación de Cadetes y la banda La Motivadora. A esto se sumaron mariachi, comida gratuita, piñatas, payasos, inflables, dulces y actividades recreativas para decenas de niños. Un festejo que, según vecinos, difícilmente se ve incluso en municipios con mayor presupuesto y desarrollo.
El mensaje fue claro para muchos habitantes, en Guadalcázar puede faltar de todo, menos dinero cuando se trata de los que ya pasaron por la alcaldía. Y es que en la memoria colectiva permanece el recuerdo de un Panchito que llegó al poder sin un centavo, respaldado por un discurso de origen humilde, cercanía con el pueblo y promesas de servir antes que servirse. Durante su administración, él mismo aseguró en diversas ocasiones que donaba su salario a estudiantes y que su única ambición era ayudar.
Hoy, el relato es muy distinto. En el municipio se comenta abiertamente que el expresidente es dueño de maquinaria pesada, ranchos, ganado y que presume manejar al menos mil cabezas de res. La riqueza le sonrió de golpe. Demasiado de golpe. Y pese a ello, resulta llamativo que ninguna autoridad fiscalizadora haya detectado irregularidades o, al menos, considerado necesario explicar públicamente el origen de ese patrimonio.

El derroche, sin embargo, no se limita al pasado. El actual alcalde, Gumaro Verdín Puente, también ha sido señalado tras una boda familiar celebrada en la comunidad de Las Negritas, ubicada entre El Huizache y Charco Cercado. El evento se volvió viral en redes sociales no por su elegancia, sino por un detalle alarmante, los disparos de arma de fuego al aire durante el festejo, como si la pólvora fuera parte del adorno.
En los videos difundidos se observan pistolas calibre nueve milímetros, rifles de alto poder y detonaciones constantes mientras la novia avanza acompañada de música regional. Nadie interviene, nadie frena la escena. Todo continúa como si fuera normal. Lo preocupante es que Las Negritas es una comunidad pegada a la carretera 57, una zona conocida por el tránsito de mercancías, por la rapiña, por incendios de tráileres y por la desaparición de cargas “delicadas”. Coincidencias que en Guadalcázar ya no sorprenden a nadie.
En los pueblos del Altiplano la gente sabe bien cómo llegan los presidentes municipales y, sobre todo, cómo se van. Se sabe quién entró con las manos vacías y quién salió con ranchos, ganado y maquinaria. Lo que no se entiende es por qué, año tras año, nadie les pone un freno. Lo mismo se comenta en otros municipios de la región. En Cedral, los negocios de la alcaldesa Cinthia Segovia comenzaron a crecer tras asumir el cargo. En Catorce, “El Gudy” presume solvencia económica, pero deja sin aguinaldos a sus propios trabajadores.
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Guadalcázar tiene peculiaridades que lo hacen atractivo. La cabecera municipal está relativamente distante y el municipio cuenta con la carretera 57 como una arteria estratégica. No es casualidad que antiguos personajes del crimen organizado, como “El Alemán”, quien tuvo su guarida en la Sierra de Guadalcázar, encontraran en esta región un sitio ideal. Hoy, más de uno comenta que hasta él moriría de envidia al ver el despliegue de dinero, poder y protección que algunos políticos exhiben sin pudor.
Mientras tanto, el pueblo sigue igual. Las comunidades continúan siendo pobres, los servicios básicos no mejoran y las oportunidades no llegan. Lo único que crece es la percepción de que la alcaldía no es un cargo público, sino un trampolín hacia la riqueza.
Pero bueno, iniciamos un nuevo año y, desde este espacio, agradecemos a nuestros lectores por acompañarnos una vez más. Seguiremos comprometidos con la verdad, llevando la información hasta el último rincón del Altiplano. Aunque incomode, aunque moleste y aunque a muchos no les guste verse reflejados en estas líneas.
Hasta la próxima con más tiempo






