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Reportaje I Acecha el sarampión a potosinos

Por Francisco Acosta-Martínez

San Luis Potosí enfrenta nuevamente un escenario que parecía superado desde hace décadas: la reaparición del sarampión como un riesgo real para la salud pública. A la fecha, el estado acumula 10 casos confirmados, una cifra que, aunque todavía limitada, resulta significativa por el contexto en el que ocurre y por el potencial de propagación de una enfermedad altamente contagiosa. El dato no puede leerse de manera aislada ni minimizarse; por el contrario, obliga a revisar las condiciones estructurales del sistema de salud, particularmente en las regiones más vulnerables del territorio potosino.

El foco de preocupación se concentra en el Altiplano Potosino, una zona históricamente marcada por rezagos sociales, dispersión poblacional y deficiencias en la cobertura de servicios médicos. Municipios con amplias comunidades rurales, movilidad constante de población jornalera y limitado acceso a centros de salud representan un terreno fértil para la propagación del virus. En estas localidades, la prevención depende casi por completo de campañas de vacunación eficaces, continuas y bien coordinadas, algo que en los últimos años no ha logrado consolidarse de manera homogénea.

Las fallas en los esquemas de vacunación no son nuevas. Tras la pandemia de COVID-19, múltiples estados del país, incluido San Luis Potosí, registraron descensos en la cobertura de vacunas infantiles, ya sea por interrupciones en las campañas, desinformación, falta de seguimiento o dificultades logísticas para llegar a comunidades alejadas. En el Altiplano, estas carencias se acentúan por la escasez de personal médico, la rotación frecuente de trabajadores de la salud y la limitada capacidad de vigilancia epidemiológica en zonas rurales. El resultado es una población con esquemas incompletos o inexistentes, especialmente entre niñas y niños, que son el grupo más vulnerable ante el sarampión.

El sarampión no es una enfermedad menor ni inofensiva. Se transmite por el aire con una facilidad extrema y puede generar brotes explosivos cuando encuentra comunidades con baja inmunidad. Una sola persona infectada puede contagiar a decenas más en cuestión de días, y las complicaciones pueden ir desde neumonía hasta encefalitis, con riesgo de muerte, sobre todo en menores de edad y personas con sistemas inmunológicos debilitados. En contextos donde el acceso a atención médica especializada es limitado, como ocurre en amplias zonas del Altiplano, el impacto puede ser aún más grave.

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La situación que vive San Luis Potosí debe analizarse también a la luz de lo que ocurre en otras entidades del país. Estados del norte y del sur han reportado brotes más amplios, algunos asociados a casos importados y otros a la acumulación de población no vacunada durante varios años. Estos escenarios han demostrado que el sarampión puede reaparecer con fuerza incluso en regiones que se consideraban protegidas, y que los cercos sanitarios y campañas emergentes, si bien necesarias, suelen llegar cuando el problema ya está avanzado. La movilidad interestatal y la migración laboral incrementan el riesgo de que el virus llegue a nuevas comunidades sin que exista una detección oportuna.

En San Luis Potosí, la respuesta institucional ha incluido el reforzamiento de la vacunación y la vigilancia epidemiológica, pero especialistas advierten que estas acciones deben sostenerse en el tiempo y no limitarse a reacciones coyunturales. El reto no es únicamente aplicar dosis, sino garantizar que los esquemas se completen, que exista un registro confiable y que las comunidades comprendan la importancia de la inmunización. Sin información clara y sin confianza en las autoridades sanitarias, las campañas pierden eficacia, especialmente en zonas donde persisten barreras culturales y de comunicación.

El riesgo para la sociedad potosina es evidente. Diez casos pueden convertirse rápidamente en decenas o cientos si no se logra cerrar la brecha de vacunación, sobre todo en regiones con alta marginación. El Altiplano Potosino se encuentra en una posición particularmente delicada, no solo por sus condiciones estructurales, sino porque suele ser punto de tránsito y trabajo temporal para poblaciones provenientes de otros estados, lo que incrementa la posibilidad de nuevos contagios.

El sarampión ha dejado de ser un problema del pasado y se ha convertido nuevamente en una advertencia presente. Para San Luis Potosí, la lección es clara: la salud pública no admite descuidos prolongados ni soluciones parciales. Mientras persistan comunidades sin acceso efectivo a servicios de salud y sin esquemas completos de vacunación, el riesgo seguirá latente. La prevención, más que un discurso, requiere inversión, coordinación y presencia permanente del Estado, especialmente en las zonas donde históricamente ha estado ausente.