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Elucubraciones: El PRI y sus ruinas

Por El Gato Filósofo

Como diría Augusto Monterroso en su célebre microcuento: Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Algo parecido ocurre con el PRI. Cada tanto se anuncia su defunción política, se le redacta el epitafio y se da por concluida su historia, pero el dinosaurio insiste en seguir respirando, aunque cada vez con más dificultad.

El Partido Revolucionario Institucional acaba de cumplir 97 años. No es poca cosa para una organización política en un país donde los proyectos suelen evaporarse con la misma rapidez con que nacen. Hubo un tiempo en que el PRI no era sólo un partido, era el sistema entero. Durante décadas gobernó México sin competencia real, moldeó instituciones, definió reglas y administró el poder con una eficacia que, para bien o para mal, marcó la historia del país. Presidentes, gobernadores, sindicatos, organizaciones campesinas y sectores populares orbitaban alrededor del tricolor como parte de una maquinaria política que parecía indestructible. Ganaba elecciones antes de que comenzaran y, cuando no las ganaba, las terminaba ganando de todos modos.

Pero los imperios políticos también envejecen, sobre todo cuando cometen demasiados errores durante demasiado tiempo. La corrupción normalizada, la soberbia del poder, el alejamiento progresivo de la ciudadanía y la incapacidad para entender que el país estaba cambiando fueron minando al partido que, durante décadas, se sintió invencible. Cuando finalmente llegó la competencia electoral real, el PRI descubrió que su estructura ya no era suficiente para sostener el peso de su propia historia. Las derrotas comenzaron a acumularse, los gobernadores dejaron de ser un bloque monolítico, los liderazgos se fragmentaron y, poco a poco, los cuadros que alguna vez se formaron bajo su sombra comenzaron a emigrar hacia otras trincheras políticas, llevándose con ellos experiencia, operadores y votantes.

El resultado es el que hoy se observa; un partido que alguna vez controló la Presidencia, el Congreso y la mayoría de los estados, reducido ahora a una fuerza que pelea por mantener presencia y evitar que el recuerdo de su grandeza termine por convertirse en simple arqueología política. El PRI sigue existiendo, sí, pero cada vez con menos militantes, menos poder territorial y menos representación popular. Y, aun así, todavía hay quienes se disputan con fervor los restos de ese antiguo imperio, como si en las ruinas todavía se escondiera un tesoro político.

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El fenómeno no es ajeno a San Luis Potosí. Aquí, el priismo también vive su propia versión del ocaso bajo la dirigencia de Sara Rocha, un liderazgo que ha terminado por acentuar las fracturas internas del partido. En los últimos años se han ido figuras importantes del tricolor potosino y, en un gesto que retrata bien el momento que atraviesa el partido, algunos de los que no se habían marchado voluntariamente terminaron siendo expulsados o empujados a la salida, obligándolos incluso a recurrir a tribunales para recuperar una militancia que durante años defendieron

En medio de ese panorama, el priísmo local ensaya su narrativa de supervivencia rumbo a 2027. Sara Rocha ha comenzado a proyectarse como el perfil más competitivo del PRI para disputar la alcaldía de la capital potosina, un sueño alimentado por algunas encuestas que, efectivamente, la colocan como la figura mejor posicionada dentro de su propio partido. Lo que esas mediciones no suelen aclarar es algo muy vergonzoso; ser la figura más competitiva dentro de un partido debilitado no equivale necesariamente a tener posibilidades reales de ganar una elección. A veces las encuestas funcionan como espejos complacientes que reflejan sólo lo que se quiere ver.

Del PRI, hoy parece quedar una estructura cada vez más reducida, una memoria histórica que pesa más de lo que ayuda y un grupo de políticos que todavía pelean por administrar lo que queda del antiguo edificio. Pese a todo, el PRI no debería angustiarse demasiado por su legado. Después de todo, si algo demostró durante su largo dominio fue su extraordinaria capacidad para formar cuadros políticos y para sembrar una cultura de poder que trascendiera sus propias siglas.

De hecho, podría decirse que el viejo dinosaurio no desapareció del todo, sino que encontró la manera de reproducirse. Si mira con atención el escenario político actual, descubrirá que una buena parte de sus viejas prácticas, de sus métodos y hasta de sus personajes sobreviven bajo otras banderas. Podría decirse, sin demasiada exageración, que el tricolor no murió: simplemente parió un heredero. Un heredero que aprendió rápido las mañas del viejo régimen y que se llama Morena. Y, al menos por ahora, ese nuevo dinosaurio parece caminar con mucha más fuerza que su padre.

Cavilaciones:

Primera: ¿Ya ven que cacharon a Jorge Luis Díaz Salinas, titular de SEDARH, empleando a trabajadores estatales para que le limpiaran su ranchito? Pues me enteré de que hay otros funcionarios de alto nivel que también tiene hasta al paseador de sus perritos cobrando en la nómina del Gobierno del Estado. Pronto, el dato completo.

Segunda: Silvia Olmedo, la popular sexóloga, estará en San Luis Potosí como parte de las jornadas de conferencias que organiza el DIF capitalino con motivo del 8M. Experta en relaciones personales, tiene cinco best sellers publicados y más de 12 millones de seguidores en redes sociales. En estos eventos, la presidenta del sistema, Estela Arriaga, siempre hace buena selección de conferencistas. Este lindo gatito tiene sus accesos listos para verla ¡Miau!

Tercera: El Sindicato de la Goodyear, planta San Luis Potosí, ha emplazado un estallamiento de huelga para el 23 de marzo. La audiencia de Conciliación está programada para el 12 de este mes, pero la empresa no está dispuesta a otorgar un aumento salarial superior al 4 por ciento. El Sindicato Independiente de Trabajadores de Goodyear México se andan jugando el todo por el todo. Como diría Sergio Sepúlveda: ¡Difícil de creeeer!