La felicidad, ese estado de ánimo tan anhelado y a la vez esquivo, es un compuesto complejo de nuestras vivencias y los procesos bioquímicos que ocurren en nuestro cerebro. A lo largo de nuestras vidas, esta fascinante danza entre la experiencia y la bioquímica se manifiesta de diversas maneras, brindándonos una perspectiva única en cada etapa del viaje humano.
La niñez es un período mágico donde la curiosidad reina y cada día trae nuevos descubrimientos. La dopamina, neurotransmisor asociado al placer, intensifica cada juego y risa, mientras que la oxitocina fortalece los lazos familiares, creando un ambiente de seguridad y amor.
La adolescencia es una fase de autoexploración marcada por cambios hormonales y emocionales. Las primeras amistades profundas y romances se ven potenciadas por un sistema de recompensa cerebral hiperactivo, donde la dopamina desempeña un papel crucial.