El agua mineral se ha convertido en una de las opciones favoritas para quienes buscan dejar atrás los refrescos y bebidas azucaradas. Su origen subterráneo le permite contener minerales naturales como calcio, magnesio y sodio, elementos que contribuyen a distintas funciones del cuerpo.
Entre sus principales beneficios destaca el aporte de calcio, que ayuda a la salud ósea, y el magnesio, que participa en la función muscular y nerviosa. Además, el agua mineral sin azúcar ni saborizantes no contiene calorías, lo que la convierte en una alternativa saludable para mantenerse hidratado. En el caso del agua mineral con gas, algunas personas reportan que mejora la digestión y genera mayor sensación de saciedad.
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Sin embargo, no todo son ventajas. Algunas marcas contienen niveles elevados de sodio, lo que puede ser perjudicial para personas con hipertensión o que deben seguir dietas bajas en sal. Asimismo, el gas puede provocar inflamación o malestar estomacal en personas sensibles.
Otro punto a considerar es el costo, ya que suele ser más cara que el agua potable convencional. Además, el consumo constante de botellas de plástico representa un impacto ambiental importante si no se reciclan adecuadamente.
Especialistas recomiendan revisar las etiquetas, moderar el consumo y alternar con agua potable simple, especialmente en el caso de niños, adolescentes y personas con condiciones médicas específicas.






