Llenar el plato de alimentos verdes puede marcar una diferencia significativa en la salud diaria. La llamada “alimentación verde” consiste en incorporar más verduras, hojas frescas y productos naturales como espinaca, brócoli, lechuga, kale, pepino y aguacate dentro de la dieta cotidiana.
Estos alimentos destacan por su alto contenido de vitaminas A, C y K, además de minerales como hierro y una importante carga de antioxidantes que fortalecen el sistema inmunológico y contribuyen al buen funcionamiento del organismo.
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Uno de los principales beneficios de esta práctica es la mejora en la digestión, gracias a su aporte de fibra. Este componente favorece el tránsito intestinal, previene el estreñimiento y genera una sensación de ligereza. Además, al ser bajos en calorías y altamente saciantes, ayudan al control del peso sin necesidad de recurrir a dietas estrictas o extremas.
Incorporar más alimentos verdes también puede proteger la salud cardiovascular, ya que contribuyen a regular los niveles de colesterol y la presión arterial, reduciendo el riesgo de enfermedades del corazón. Sus antioxidantes ayudan a combatir el daño celular, lo que se traduce en mayor energía y una mejor apariencia de la piel.
Especialistas señalan que no se trata de una moda pasajera, sino de un hábito sencillo que puede adoptarse fácilmente, por ejemplo, al añadir un licuado verde por la mañana, una ensalada en la comida o una mayor porción de verduras en la cena para cuidar la salud todos los días.






