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[VIDEO] Tiempo de Cine: La única opción

Por Hares Barragán

Park Chan-wook vuelve a hacer lo que mejor sabe: incomodar. “La única opción”, su película más reciente, no llega para entretener con ligereza, sino para clavar la mirada en una realidad que a muchos les resulta demasiado cercana, la desesperación económica y la guerra silenciosa del mercado laboral moderno. Basada en la novela “The Ax” de Donald E. Westlake, la historia se mueve entre la sátira social y el filo oscuro de una crítica que no pide permiso.

El protagonista es Man-su, interpretado por Lee Byung-hun, un hombre común que tras ser despedido de su empleo de toda la vida descubre que el sistema ya no tiene un lugar para él. Y es ahí donde el relato deja de ser “un drama de desempleo” para convertirse en algo mucho más incómodo: lo que empieza como una búsqueda desesperada de trabajo, termina en un plan extremo para eliminar a sus competidores y literalmente “crear” su propio puesto. El mensaje es claro, cuando el mundo te acorrala, incluso lo impensable empieza a sonar lógico.

Park Chan-wook convierte este descenso en una crítica directa a temas como la automatización, el individualismo y la humillación que pesa sobre quienes quedan fuera del engranaje productivo. No hay romanticismo, no hay consuelo, solo un sistema frío donde la dignidad parece un lujo. Y la película lo dice con humor negro, tensión constante y una narrativa que no deja de insistir, en este escenario, sobrevivir se vuelve una competencia brutal.

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A nivel visual, la cinta también se sostiene con fuerza. Su estilización, el uso dinámico de la cámara y el tono cuidadosamente construido elevan la historia y la vuelven inquietante, casi elegante en su crueldad. Lee Byung-hun, por su parte, carga con un personaje complejo sin caer en la exageración, equilibra la desesperación con momentos de ironía, y esa mezcla termina siendo clave para que la película funcione.

Eso sí, no es un filme que se consuma fácil. Su ritmo puede sentirse lento o densamente narrado en ciertos momentos, y el tono extremo puede desconcertar a quienes esperen un drama convencional. Aquí no hay moralejas claras ni finales cómodos: hay una provocación constante.

Al final, “La única opción” se impone como una obra audaz y altamente crítica del capitalismo moderno, usando un relato casi absurdo para explorar lo más serio: qué pasa con la identidad cuando el trabajo desaparece, hasta dónde puede empujar la necesidad, y cuántas decisiones “imposibles” comienzan a parecer la única salida cuando el sistema te deja sin alternativas. En su universo, el empleo no se busca, se pelea, y a veces, se arrebata.