SliderVida y Entretenimiento

[VIDEO] Hermelinda, el corazón detrás del pan tradicional en La Paz

La panadería no solo abastece a los habitantes de Villa de la Paz. Personas de Matehuala y de otros municipios cercanos viajan especialmente para comprar su pan

En el corazón de Villa de la Paz, donde las madrugadas aún huelen a leña y a historia, la panadería “El Nopal” es mucho más que un negocio, es un legado familiar construido con paciencia, amor y trabajo constante. Al frente está Hermelinda Irma Covarrubias Ávila, una mujer que por décadas ha dedicado su vida a la elaboración de pan tradicional.

Junto a su esposo, Rubén Martínez Gaytán, cofundador de la panadería, comenzó esta historia hace muchos años. Ambos iniciaron prácticamente desde cero, compartiendo responsabilidades, recetas y sueños. Las jornadas comenzaban antes del amanecer, cuando el horno de barro debía encenderse para tener listo el pan al salir el sol.

“Utilizamos el mismo horno de barro, antiguo, pero ahora se cocina con gas natural; empezamos con leña, pero con el tiempo se cambió todo”, recuerda la familia. Ese horno ha sido testigo del paso del tiempo, de generaciones de clientes y de la evolución del negocio, que ha sabido adaptarse sin perder su esencia artesanal.

“Los estudiantes me preguntaban qué tipo de material usabamos, no les puedo explicar a detalle porque no saben de panadería, pero yo uso pura materia prima de primera calidad”, comenta Hermelinda. Para ella, el secreto no solo está en la receta, sino en el respeto por cada ingrediente.

Por “El Nopal” han pasado muchos panaderos. Algunos llegaron como aprendices y se quedaron durante años perfeccionando el oficio. Uno de ellos, con cuatro décadas de experiencia en el lugar, destaca que la calidad siempre ha sido prioridad.

Consulta nuestra edición impresa: https://cutt.ly/DtmGRTnI

La elaboración del pan es un proceso que requiere precisión. “Cada pan tiene su proceso, el bolillo ocupa más temperatura”, explica uno de los panaderos. Las conchas, suaves y esponjosas, y los bolillos, crujientes por fuera y tiernos por dentro, son de las piezas que más disfrutan preparar. Cada una implica tiempos distintos de fermentación y horneado, detalles que solo la experiencia enseña a dominar.

Sin embargo, entre las recetas que más recuerdan los clientes están las campechanas que preparaba don Rubén. Eran su especialidad y se volvieron una tradición para muchas familias. “Me las piden mucho; yo las sé hacer, pero tuve un problema de la cabeza, me operaron y ahora ya no puedo trabajar”, comparte Hermelinda con nostalgia. La ausencia de su esposo se siente en el obrador, pero también se mantiene viva en cada recuerdo y en cada pan que sale del horno.

La panadería no solo abastece a los habitantes de Villa de la Paz. Personas de Matehuala y de otros municipios cercanos viajan especialmente para comprar su pan. Algunos llegan cada fin de semana; otros, cuando tienen reuniones familiares o celebraciones especiales. El sabor tradicional ha trascendido fronteras locales.

A lo largo de los años, “El Nopal” ha sido punto de encuentro para generaciones. Niños que alguna vez acompañaron a sus padres ahora regresan como adultos con sus propios hijos, manteniendo viva la costumbre de llevar pan recién hecho a casa.

Hermelinda, con sencillez y gratitud, reconoce el apoyo constante de la comunidad. “Muchas gracias a toda la gente que prefiere mi pan, y estamos para servirle”, expresa. Sus palabras reflejan el compromiso de seguir adelante, honrando y manteniendo viva una tradición que forma parte de la identidad de Villa de la Paz.