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[VIDEO] Jesús Torres: el cronista que le baila a la historia

Cronista de Matehuala y fundador del grupo de danza "Coatlicue", es uno de esos personajes que se vuelven parte del paisaje cultural de una ciudad

El profesor Jesús Torres, cronista de Matehuala y fundador del grupo de danza «Coatlicue», es uno de esos personajes que se vuelven parte del paisaje cultural de una ciudad. Su historia no empezó en un escenario ni en una academia, sino, como él mismo cuenta con humor, “con dos pies izquierdos” y una invitación inesperada en el CONALEP, donde el profesor José del Carmen formó un grupo de danza que despertó en él una pasión que no imaginaba.

Mientras realizaba su servicio social en el Instituto Estatal de Educación para Adultos (IEEA), comenzó a contratar a una maestra que pusiera bailables en las graduaciones. “Fue un éxito total”, recuerda. Ese impulso casi accidental marcaría el inicio de lo que años después se convertiría en un legado cultural para Matehuala.

Para fortalecer sus clases, se integró al grupo Xochipilli, uno de los más sólidos en la ciudad. Su primera presentación formal llegó en 1987, cuando viajaron a Doctor Arroyo. Ese mismo entusiasmo lo llevó a estudiar tres años en la Escuela de Danza Jaime Buentello Bazán, y posteriormente a seguir formándose en la Ciudad de México. En total, fueron seis años de preparación y especialización, sumados a congresos y encuentros en Oaxaca, León y San Luis Potosí, bajo la guía del profesor Antonio Reyna. Así se formó el grupo Coatlicue.

Luego vino el salto internacional. La primera invitación a Texas fracasó a última hora, “nos dejaron vestidos y alborotados”, dice, pero la vida le tenía guardado otro escenario: un exalumno desde Houston lo contactó, abriéndole las puertas para presentarse en las Fiestas Patrias y posteriormente en el Festival Internacional de Houston en el año 2000. “Fue maravilloso”, recuerda sobre aquella experiencia en la que alternaron con grupos locales y montó coreografías de Jalisco. Al año siguiente, la invitación llegó desde el Teatro Miller, y después desde San Antonio.

El sello de Coatlicue, su agrupación, es un estilo ágil y continuo: “El show se va de corrido; empezamos y no paramos”. Aunque la danza folclórica suele ir acompañada de monografías y explicaciones, el profesor Jesús descubrió que el público muchas veces prefiere dejarse llevar por el movimiento. Ese estilo le ha abierto puertas en distintas regiones, incluida la Huasteca, donde el año pasado, en Tamazunchale, sorprendieron al público por su ritmo ininterrumpido.

Paralelamente, el profesor Jesús desarrolló otra faceta que hoy lo define: la de divulgador de la historia local. Fundador del programa “Así es mi tierra,” transmitido por el canal de la Universidad, viajaba a distintas comunidades para aprender y contar sus historias. “La historia siempre me ha gustado”, confiesa. Por eso le duele ver cuando derriban una finca o alteran un edificio histórico.

Como cronista, dice haber descubierto aún más de lo que imaginaba sobre su ciudad. “No soy historiador, pero uno tiene que formarse su propio criterio para hablar”, comenta. Una de sus batallas personales ha sido desmontar la idea de que Matehuala fue fundado por Cayetano Medellín. “Él solo da la orden de poblar, pero hasta la segunda ocasión”, aclara.

Actualmente forma parte del Comité de Rescate y Conservación de las Fincas y Monumentos Arquitectónicos de Matehuala, un organismo con facultad jurídica para intervenir en la protección del patrimonio, pero que, lamenta, ha permanecido inactivo y sin el respaldo institucional necesario. “No nos toman la seriedad que nos deben tomar”, señala.

Con la misma pasión con la que dirige un ensayo de danza o narra un pasaje histórico, el profesor Jesús lanza un llamado: “Ojalá que conozcamos más nuestro Matehuala, que tengamos conciencia para conservar nuestro patrimonio artístico, cultural e histórico. Tenemos cero empatía por lo que sucede en nuestro entorno”.

En su andar entre la danza y la memoria, el profesor Jesús Torres se ha convertido en un puente entre generaciones, un guardián de la identidad matehualense y un recordatorio viviente de que el patrimonio cultural se construye, y se protege, desde el corazón.