El sarampión es una enfermedad vírica sumamente contagiosa. Se propaga fácilmente cuando una persona infectada respira, tose o estornuda. Puede provocar una enfermedad grave, complicaciones o la muerte.
El sarampión puede afectar a cualquier persona, pero es más común entre los niños.
Antes de propagarse por todo el cuerpo, el virus infecta las vías respiratorias. Entre los síntomas se incluyen fiebre alta, tos, rinorrea y una erupción cutánea que se extiende por todo el cuerpo.
Vacunarse es la mejor manera de evitar contraer el sarampión o contagiarlo a otras personas. La vacuna es segura y ayuda al cuerpo a combatir el virus.
Antes de que se introdujera la vacuna contra el sarampión en 1963 y se optara por la vacunación generalizada, aproximadamente cada dos o tres años se producían epidemias importantes que causaban unos 2,6 millones de muertes cada año.
Se estima que 107 500 personas murieron de sarampión en 2023 —mayoritariamente niños menores de cinco años—, a pesar de que existe una vacuna segura y costoeficaz.
La intensificación de las actividades de inmunización por parte de los países, la OMS, la Alianza contra el Sarampión y la Rubéola (denominada antiguamente Iniciativa de Lucha contra el Sarampión y la Rubéola) y otros asociados internacionales logró evitar una cifra estimada de 60 millones de muertes entre 2000 y 2023. La vacunación redujo el número de muertes por sarampión, que pasaron de 800 062 en 2000 a 107 500 en 2022 (1).
Los síntomas del sarampión suelen aparecer entre 10 y 14 días después de la exposición al virus. El más visible es una erupción cutánea prominente.
Los primeros síntomas suelen durar entre 4 y 7 días e incluyen:
rinorrea
tos
ojos llorosos y enrojecidos
pequeñas manchas blancas en la cara interna de las mejillas.
La erupción cutánea comienza entre 7 y 18 días después de la exposición, generalmente en el rostro y la parte superior del cuello. Se propaga durante unos 3 días, hasta llegar a las manos y los pies. Por lo general, dura entre 5 y 6 días hasta que se desvanece.
La mayoría de las muertes por sarampión se deben a complicaciones relacionadas con la enfermedad.
Estas complicaciones pueden incluir:
ceguera
encefalitis (una infección que causa edema cerebral y que puede provocar daños en el cerebro)
diarrea intensa y la consiguiente deshidratación
infecciones del oído
problemas respiratorios graves, como neumonía.
Contraer el sarampión durante el embarazo puede ser peligroso para la madre y provocar que el bebé nazca prematuramente y con bajo peso al nacer.