Millones de personas transitan a diario por el Metro de la Ciudad de México sin saber que, en su interior, se resguarda un importante vestigio prehispánico: un adoratorio dedicado a Ehécatl, advocación de Quetzalcóatl como dios del viento.
La zona arqueológica se localiza en la estación Pino Suárez, específicamente por las entradas de la Línea 1 hacia el pasillo de correspondencia con la Línea 2. Puede visitarse durante el horario habitual del Metro y no tiene costo adicional para los usuarios.
Ehécatl es una de las manifestaciones de Quetzalcóatl y está vinculado con el viento y la lluvia. En la iconografía mexica se le representa como una figura masculina con máscara roja de ave, pico prominente, colmillos y barba escasa. De acuerdo con la cosmovisión mexica, su función principal era preparar el mundo para la llegada de las lluvias, limpiando los caminos y los campos con su soplo para favorecer la fertilidad de la tierra. No obstante, cuando se manifestaba con fuerza, también podía provocar vientos destructivos y tolvaneras.
La tradición mexica reconocía además a los ehecatontin, vientos auxiliares que soplaban desde los cuatro rumbos del universo: del oriente, vientos suaves y benéficos del Tlalocan; del norte, corrientes peligrosas del Mictlán; del poniente, vientos fríos asociados al mundo femenino divinizado; y del sur, vientos violentos capaces de causar destrucción.
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Cronistas del siglo XVI describieron los templos de Ehécatl como estructuras circulares con accesos en forma de fauces de serpiente, símbolo de Quetzalcóatl como la Serpiente Emplumada. En el territorio mexica se han identificado cinco templos y un altar dedicados a esta deidad, siendo el del Metro Pino Suárez único por encontrarse dentro de un sistema de transporte público.
Este adoratorio formó parte de un amplio centro ceremonial que conectaba la calzada de Iztapalapa con Tenochtitlan y fue explorado entre 1967 y 1970 por arqueólogos del INAH. La estructura mide 10.70 metros por 7.60 metros, alcanza una altura de 3.70 metros y data del periodo comprendido entre 1400 y 1521 d.C.
El monumento presenta cuatro etapas constructivas y una base circular donde originalmente se colocaba la imagen del dios. Entre sus ofrendas destaca la escultura conocida como “La monita”, un mono policromado que porta la máscara bucal de Ehécatl y está acompañado por dos serpientes, símbolos del dios del viento.
Actualmente, este vestigio permanece visible para los usuarios del Metro, como un recordatorio de que la historia prehispánica de México continúa viva, incluso bajo el ritmo cotidiano de la ciudad.

