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[VIDEO] Tiempo de Cine: Ayuda

Por Hares Barragán

Después de más de una década sin sumergirse de lleno en el terror más crudo, Sam Raimi regresa con ¡Ayuda! (Send Help), una película que confirma que el director nunca ha dejado de sentirse cómodo en el territorio donde el miedo y el humor negro conviven con incómoda naturalidad.

La premisa parece sencilla: dos compañeros de trabajo sobreviven a un accidente aéreo y quedan varados en una isla desierta. Pero Raimi no está interesado en filmar solo una historia de supervivencia. Lo que realmente le importa es el campo de batalla invisible que se forma entre Linda y Bradley. Ella, interpretada por Rachel McAdams, es una trabajadora relegada, inteligente, acostumbrada a que la subestimen. Él, encarnado por Dylan O’Brien, representa el privilegio cómodo, el ascenso por apellido y no por mérito. La isla no solo los aísla del mundo: los obliga a enfrentar las jerarquías que ya existían antes del accidente.

Raimi transforma el entorno natural en un espejo emocional. Los paisajes exuberantes contrastan con la podredumbre de resentimientos acumulados. La cámara se mueve con ese dinamismo vertiginoso que marcó su estilo: cortes abruptos, encuadres incómodos, momentos de violencia explícita seguidos de un humor ácido que incomoda más de lo que alivia. No es terror puro, tampoco comedia; es una tensión constante que se ríe mientras aprieta el cuello.

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Uno de los mayores aciertos está en las actuaciones. McAdams carga el peso emocional con una mezcla de vulnerabilidad y furia contenida que sostiene la película incluso cuando el guion titubea. O’Brien, por su parte, construye un antagonista cuya arrogancia no es caricatura, sino una representación inquietantemente reconocible del poder mal ejercido.

Y es justo en el guion donde la cinta encuentra su mayor debilidad. La mezcla de comedia, terror, drama y sátira no siempre logra una armonía sólida. En algunos pasajes, el tono se desbalancea y la historia pierde ritmo. Además, ciertos recursos del cine de supervivencia resultan previsibles; funcionan, sí, pero no sorprenden.

Aun así, ¡Ayuda! es una propuesta audaz. Más que contar cómo sobrevivir en una isla, explora cómo las dinámicas de poder persisten incluso cuando todo lo demás se derrumba. No es una obra maestra ni pretende serlo, pero sí es una película que sacude la fórmula tradicional del género y demuestra que Raimi todavía sabe cómo incomodar, entretener y, de paso, lanzar una crítica afilada sobre nuestras propias jerarquías sociales.

En el fondo, la verdadera pregunta que plantea la cinta no es quién será rescatado, sino quién estaba realmente perdido desde antes del accidente.