Las estrellas fugaces, conocidas científicamente como meteoros, son fenómenos luminosos que han cautivado a la humanidad durante siglos. A pesar de su nombre, no se trata de estrellas en movimiento, sino de partículas espaciales que, al ingresar a la atmósfera terrestre, generan destellos de luz visibles en el cielo nocturno.
¿Qué son las estrellas fugaces?
Las estrellas fugaces son el resultado de la entrada de meteoroides en la atmósfera de la Tierra. Los meteoroides son fragmentos de roca o metal, que varían en tamaño desde diminutas partículas de polvo hasta objetos de varios metros de diámetro, y que provienen de cuerpos celestes como cometas o asteroides. Cuando estos meteoroides penetran la atmósfera terrestre a velocidades extremadamente altas, la fricción con el aire genera calor, provocando que el meteoroide se incinere y emita un brillante rayo de luz conocido como meteoro o estrella fugaz.
Formación y origen de las estrellas fugaces
La mayoría de las estrellas fugaces se originan a partir de partículas desprendidas de cometas. Cuando un cometa se acerca al Sol, el calor provoca que su superficie helada se sublime, liberando gas y polvo al espacio. Estos residuos quedan dispersos a lo largo de la órbita del cometa. Cuando la Tierra atraviesa estas zonas densas de partículas durante su órbita anual, se produce una lluvia de meteoros, donde numerosos meteoros pueden ser observados en una sola noche.
Lluvias de meteoros destacadas
Existen varias lluvias de meteoros reconocidas que ocurren anualmente, entre las más destacadas se encuentran:
- Perseidas: Aparecen cada agosto y están asociadas con el cometa Swift-Tuttle. Son conocidas por su alta frecuencia y brillantez.
- Geminidas: Ocurren en diciembre y se originan del asteroide 3200 Faetón. Son apreciadas por su intensidad y colores variados.
- Leónidas: Visibles en noviembre, están vinculadas al cometa Tempel-Tuttle y son famosas por producir tormentas de meteoros espectaculares en ciertos años.
Las estrellas fugaces no solo ofrecen un espectáculo visual impresionante, sino que también nos conectan con los procesos dinámicos del cosmos, recordándonos la constante interacción entre la Tierra y el espacio que nos rodea.